Este es un episodio muy difícil para mí, un episodio que me ha costado mucho trabajo grabar… o me está costando mucho trabajo grabar. Me he tomado mi tiempo para hacerlo, para sentarme aquí delante del micro.
Ya sabéis que yo publico el pódcast los martes, el lunes suele ser el día que me siento a grabar, pero este lunes, la verdad, es que… bueno, pues no tenía ni ánimos ni ganas de hacerlo. Pero bueno, sí tenía claro que era algo que tenía que hacer tarde o temprano. Y bueno, pues aquí estoy, intentando contaros un poquito todo esto.
Las personas que no estáis en la newsletter estaréis preguntándoos: ¿qué narices me está contando este hombre? Pues bueno, lo que pasó es que hace una semana y un día nuestra perrita Abby, de la noche a la mañana casi, se enfermó… y bueno, pues se nos fue. Abby ya no está con nosotros.
Por eso decía que es un episodio muy difícil para mí. Un episodio que me gustaría no haber tenido que hacer nunca, o al menos en muchos años. Pero también decía que es un episodio que tenía que hacer por varias razones.
En primer lugar, porque he decidido hablar sobre ello abiertamente. Lo hice el día que se enfermó y la tuvimos que llevar al veterinario. En la newsletter conté que iba a estar unos días ausente. Después, finalmente, también en la newsletter conté un poquito todo lo que había pasado, lo que estoy aquí contando un poco.
Y bueno, digo que he decidido hablar abiertamente sobre ello porque tenía la opción de, digamos entre comillas, desaparecer, encerrarme un poco en mí mismo… pero no sé por qué, tomé la decisión de que quería hablar abiertamente de esta pérdida, de este duelo. Y hacerlo de esta manera. No sé cuál es la mejor opción, pero bueno, en este caso opté por esta.
En segundo lugar, también creo que este episodio es algo que tenía que hacer porque, como os decía antes, no quería haber tenido que hacer nunca este episodio, al menos en muchísimos años. También un poco sirve —bueno, puede servir— como homenaje, como recuerdo, y también para mostrar la importancia que ella tenía en mi vida.
Si no tuviera la importancia que tiene, yo no estaría aquí hablando de ello, de ella. No estaría dedicándole estos minutos, ni haciéndoos un poco partícipes de lo que ella significaba para mí.
Ahora mismo tengo un vacío muy grande. Un vacío que es imposible de llenar. Un corazón roto en mil pedazos. Una herida con la que tendré que aprender a vivir el resto de mi vida.
Y también, bueno, hablar de ello me ha servido para muchas cosas. Cuando lo escribí en la newsletter, muchas personas me escribieron contándome… bueno, primero dándome el pésame, diciéndome que lo sentían mucho, lo cual, es verdad que en estos momentos, las palabras muchas veces no sirven tanto de consuelo, creo. Pero sí que te hacen sentir un poquito acompañado.
Y esto sí que… bueno, la cantidad de mensajes que recibí y que sigo recibiendo, de alguna manera te hacen sentir acompañado, querido.
Muchas personas me han escrito contándome sus historias. Por ejemplo, recuerdo especialmente algunas, como por ejemplo la de Nick, que también sufrió la pérdida de su gatita Biscotti unas horas después de lo que pasó con Abby. Desde aquí, un abrazo muy grande a Nick.
Mónica también me escribió diciendo que la perrita de su hermana estaba muy grave, en la UCI. También, un abrazo muy fuerte para Mónica y su hermana.
Ahora la vida es diferente. Ha cambiado totalmente.
Una semana después sigo teniendo el reflejo de buscarla por todas partes, de esperar que ella aparezca a mi lado, de buscarla cuando estoy en mis clases, a las que ella me acompañaba siempre, controlando que todo fuera bien.
He decidido, como digo, hablar abiertamente sobre ello: sobre la pérdida, sobre el duelo. Creo que es algo que todos sufrimos alguna vez en la vida. Yo… bueno, esta es mi primera, podría decir, gran pérdida, sobre todo por lo que afecta a mi vida, a mi rutina.
Volver a la rutina no es fácil, porque como digo, la rutina ya no es la misma. Ha cambiado totalmente. Todas las cosas que antes hacía con ella ya no existen. Esta es una nueva realidad ahora, para mí, para mi esposa, para nosotros como familia.
Además, todo esto coincidió con el inicio de la nueva edición de los programas de fluidez. Y estuve pensando, sopesando seriamente si retrasar unos días el inicio.
Desde aquí también quiero agradecer a todos los estudiantes de los programas por toda la comprensión y la paciencia en estos momentos tan difíciles.
Y finalmente decidí mantener el inicio de la edición de los programas tal y como tenía previsto. Porque pensé que mantener mi cabeza un poquito ocupada no me vendría mal. Creo que también es una de las razones por las que estoy grabando este episodio del pódcast.
Podría haber desaparecido durante semanas y volver como si nada. Pero creo que también, como os decía al principio, es un episodio que le debo a Abby. Y creo que también, en el futuro, me gustará ver que hay un episodio dedicado a ella.
También tengo la suerte de estar viviendo este duelo con mi mujer. Entre los dos nos apoyamos mucho en estos momentos tan complicados. No es lo mismo que afrontar una pérdida solo. Esto también es muy bueno. Creo que es muy importante. Y creo que hace la diferencia.
Y ahora, bueno… pues paciencia. Poco a poco. Ir recuperando el ritmo, adaptándose al cambio tan grande que esto supone en nuestras vidas. Hacer una pausa si mi cabeza o mi cuerpo me lo piden.
Y bueno, hoy no tengo mucho más que decir. Como siempre digo en la newsletter: gracias por estar al otro lado.
Nos vemos el viernes, el martes que viene. Que tengáis muy buena semana. Adiós.